Finalmente se evitó. Estados Unidos sorteó la que pudo ser su primera bancarrota gracias a un acuerdo entre demócratas (que actuaron como un bloque sin fisura alguna) y sectores moderados del Partido Republicano (GOP): en el Senado, el acuerdo bipartito fue apoyado por los 54 senadores demócratas y una amplia coalición republicana liderada por McConnell, su líder, en la que se encontraban todos los republicanos moderados susceptibles de afrontar complejas batallas electorales en 2014 o 2016, y que dejaba fuera a todos los presidenciables que luchan por el apoyo conservador: Marco Rubio (Florida), Rand Paul (Kentucky) y Ted Cruz (Texas), entre otros, votaron en contra. En la Cámara de Representantes, el bloque demócrata votó a favor, mientras que la mayoría republicana, en clara ruptura de la célebre regla Hastert, se dividió en dos: los sectores moderados y el propio Speaker, Boehner, o el Líder de la Mayoría, Cantor, votaron a favor de acabar con el shutdown (87), mientras que la mayoría, cercana al Tea Party y a las bases conservadoras (144) votó en contra. La misma noche en que ambas votaciones se producían sucesivamente en ambas cámaras, el Presidente Obama rubricaba la ley y el Gobierno volvía a funcionar, evitando in extremis la debacle.

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Fuente: http://www.businessinsider.com/debt-ceiling-government-shutdown-vote-senate-house-2013-10

Como ya anunciábamos anteriormente, todo el proceso está teniendo una serie de repercusiones muy relevantes y diferentes según el rol jugado por los distintos actores, pero podemos analizarlas, grosso modo, desde dos ámbitos de análisis: por un lado, las consecuencias en el Partido Republicano y, por otro, las consecuencias globales sobre el sistema político de cara a las próximas mid-term elections de noviembre de 2014.

En el Partido Republicano se ha desatado una guerra civil casi abierta, con dos horizontes: las mid-terms de 2014 y las presidenciales de 2016. En ambas las dinámicas son muy diferentes, puesto que en unas se trata de elegir o reelegir a unos 470 miembros del Congreso (un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes), en las cuales pugnan candidatos ya en el cargo más moderados, otros también en el cargo del Tea Party, y aspirantes de ambas ramas, mientras que en 2016 se trata de elegir a la persona concreta que, a la par, satisfaga a la bases del partido y pueda ganar unas presidenciales, tras dos derrotas consecutivas en 2008 y 2012. En las primeras, las bases ya prometen desafiar a un establishment republicano que consideran tímido y poco conservador, y están utilizando el mejor arma a su alcance: las elecciones primarias.

Los movimientos más conservadores de esa inmensa coalición que hoy es el GOP están lanzando candidatos, en su mayoría endebles (pero alguno puede dar la sorpresa), contra asentadas figuras, como los actuales senadores McConnell de Kentucky (que, además, afronta una dura batalla contra la demócrata Allison Lundergan Grimes en la elección general), Cochran de Mississippi, Graham de South Carolina, Alexander de Tennessee o Enzi de Wyoming (aquí se enfrenta al Senador la hija del antiguo vicepresidente Cheney). Por si fuese poco, también están lanzando candidatos contra figuras que buscan derrotar a senadores demócratas o que aspiran a escaños en los cuales un demócrata veterano se retira: tanto Bill Cassidy (Lousiana), como Tom Thillis (North Carolina) o Mead Treadwell (Alaska), que se enfrentan a senadores demócratas impopulares, tienen candidatos del Tea Party a su derecha, por no hablar del boicot conservador a Mike Rounds (South Dakota) o Shelley Moore Capito (West Virginia), o del mayúsculo experimento que serán las primarias republicanas de Georgia, en la que se dará una verdadera competición para mostrar quién es más conservador. En estos últimos casos, el escenario recuerda a 2010 y a 2012, en lo que se conoce como “efecto Akin”: un enclave en el que los republicanos tienen oportunidades reales, se malogran por la presencia de un candidato muy conservador que, tras alguna metedura de pata en temas morales (creacionismo, aborto, socialismo, violaciones, etc…), acaba perdiendo el centro y a los independientes. En todo caso, es esclarecedor que líderes conservadores prominentes como Sarah Palin, antigua candidata a la Vicepresidencia en 2008, digan que “hay que agitar las primarias”, o que el CEO de uno de los grupos de acción política más conservadores, como Freedom Works, diga que hay riesgo de ruptura en dos del partido. El shutdown, una estrategia comandada por Ted Cruz y apoyada por los conservadores más recalcitrantes, ha quedado en nada en términos políticos nacionales, pero la mística conservadora irredentista dibuja a sus adalides como verdaderos republicanos conservadores, que deben ser referentes para todo el Partido, y, de no serlo, sencillamente, hay que cambiar, o al menos, no apoyar a los que no siguen esta recta vía, como, según su razonamiento, demuestra que cuando se nomina a candidatos moderados, como McCain en 2008 o Romney en 2012, se acaba perdiendo. Todo ello a pesar de que buena parte de las evidencias y muchos analistas independientes observan justamente el fenómeno contrario. El cierre del Gobierno Federal ha sido un catalizador para que muchos republicanos, que se han sentido traicionados por los que, finalmente, pactaron reabrir el Gobierno, salten a competir en primarias. Ello genera un rechazo en las alas moderadas del partido, que se están preparando y buscan tener una voz propia frente a la aparente unanimidad mediática del Tea Party.

En cuanto a las presidenciales, el protagonismo de Ted Cruz ha hecho que se convierta en el nuevo favorito de las bases conservadoras, en detrimento de Marco Rubio y de Rand Paul, y, desde luego, de Paul Ryan, candidato a la Vicepresidencia con Romney, todos ellos siempre en contraposición a las figuras de Chris Christie, que acaba de ganar sus segundas elecciones para Gobernador de New Jersey por amplísima mayoría, o Jeb Bush, hijo y hermano de presidentes, que tratan de representar al sector más moderado. Steve King, representante de New York y una de las voces moderadas, ya ha anunciado que aspira a ser candidato, pero no parece tener mucho futuro. Dentro de este sector moderado también ubicaríamos al antiguo senador por Massachusetts Scott Brown, que no descarta buscar un regreso a la política, aunque no ha definido si será en un nuevo intento al Senado (parece ser que no sería por Massachusetts, sino por New Hampshire) o si se lanza hacia la Casa Blanca en 2016. Sin definirse tan claramente están los Gobernadores Jindal de Louisiana y Walker de Wisconsin (aunque éste ha de ganar sus segundas elecciones en 2014 o perderá oportunidades), y no podemos descartar a viejos conocidos de las presidenciales, como el antiguo Senador Rick Santorum, el Gobernador Perry de Texas, el moderado ex-gobernador de Utah Hunstman o la Michelle Bachmann. La panoplia de tendencias es amplia, así como de nombres, pero quedan aún tres años para dichas elecciones y las mid-terms y sus resultados marcarán prioridades. De cualquier manera, puede ocurrir lo mismo que en 2012: un baile de candidatos y favoritos cada semana que, al final, acabe con la fatigosa nominación del más viable tras meses de lucha de facciones y bases del partido.

Saliendo de las dinámicas propias del Partido Republicano, la traducción más visible de los resultados del shutdown en la política nacional tienen un nombre propio: Virginia. En dicho estado, uno de los swing states en los cuales se deciden las elecciones presidenciales (tanto en 2008 como en 2012 cayó del lado demócrata), con un componente sureño muy importante (fue parte de los Estados que formaron la Confederación en la Guerra de Secesión) pero también con una zona norte habitada por multitud de empleados del Gobierno Federal (mayoritariamente demócratas), suelen reproducirse muchas de las dinámicas políticas del conjunto del país. Este otoño se celebraban las elecciones a Gobernador, en las cuales se ubicaba como favorito para suceder al actual Gobernador, el republicano McDonnell (también con posibilidades presidenciales), otro republicano, hasta ahora Fiscal General del Estado, de credenciales conservadoras aseguradas y con declaraciones algo ortodoxas en materia de aborto, frente a un demócrata muy vinculado a los Clinton, de dudosa reputación empresarial. Si bien las primeras encuestas marcaban una ligera propensión republicana, el impacto de shutdown comenzó a hacer virar las encuestas, y el demócrata avanzó posiciones. Finalmente, y aunque por un margen más estrecho del que preveían la mayor parte de las encuestas, el demócrata McAuliffe fue elegido Gobernador de Virginia frente al republicano Ken Cuccinelli. Si bien la victoria es multifactorial, el hecho de que las encuestas post electorales muestren que el shutdown tuvo impacto en el voto de moderados, hace que los demócratas piensen ya en las consecuencias futuras: mantenimiento de su mayoría en el Senado, y una posible reconquista de la Cámara de Representantes. Determinadas encuestas y estudiosmuestran que, al menos en el corto plazo, ello ha sido así, con una mayoría de encuestados culpando al Partido Republicano del shutdown, y mejorando las perspectivas demócratas en distritos clave, muy necesarios si el partido del Obama quiere recuperar la Cámara, para lo que necesita una ganancia neta de 17 escaños en los próximos comicios. Pero, dadas las dificultades para el partido de la Casa Blanca en estas elecciones a mitad de mandato, y con el impacto de ObamaCare y su aplicación efectiva, no está nada claro que pueda suceder, como ya decíamos hace unos meses. En todo caso, el shutdown parece haber incrementado la moral demócrata, que está lanzándose a reclutar candidatos potentes que, aparentemente, no estaban tan dispuestos a presentarse a las elecciones antes del suceso.

Hasta ahora, todo parece estar más o menos estable. La cuestión es que este shutdown puede ser el primer capítulo de un libro por escribir: el acuerdo contempla financiación para el Gobierno Federal hasta el 15 de enero de 2014, por lo que habrá que sentarse de nuevo y volver a negociar. Y hay posibilidades de que la estrategia del Tea Party vuelva a repetirse: Ted Cruz ya advierte que él seguirá luchando contra el ObamaCare_con todas sus fuerzas, y por el proceso de _redistricting que ya explicásemos en su día hace que, en sus sólidos y seguros escaños de los cuales sólo pueden ser desbancados en primarias, muchos republicanos no sienten necesidad de llegar a compromisos con Obama, sino más bien de oponerse a él, lo que racionalmente les garantiza su permanencia. Es perfectamente posible que en apenas dos meses, y ya a sólo 9 ó 10 meses de las mid-term elections, la historia se repita, si bien muchos líderes republicanos ya lo están negando. Las consecuencias de un segundo cierre del Gobierno en menos de un año, y tan cerca de las elecciones, en un clima de crecimiento económico y de descenso del nivel de desempleo moderados, pueden ser imprevisibles para los republicanos. Máxime cuando no es sólo una cuestión de cierre del Gobierno, sino también de límite del techo de deuda, cuya fecha límite es el 7 de febrero.

José Antonio Gil Celedonio